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Grupos Artistas

Triana es sin duda la mejor banda española de todos los tiempos. Y lo más curioso de ello es que casi nadie sostiene esta idea, que casi nadie les conoce entre las nuevas generaciones, y que, consiguieron ser lo más grandes en tan sólo unos pocos años. Esta corta etapa en la que estuvo viva la banda se divide claramente en dos momentos muy distantes: uno, protagonizado por el auge de la banda, altamente influenciada por los grandes del rock progresivo, tales como King Crimson, Pink Floyd... y el otro, marcado por una mala digestión del éxito y la fama alcanzados, que les llevó hacia la música pop más comercial.

Triana como tal se creó en 1974, pero su primer álbum vio la luz oficialmente en abril de 1975, en primavera, algo muy significativo. Y dejó de existir con la muerte de su líder, el sin par cantante y teclista Jesús de la Rosa, un 13 de octubre de 1983, también en una fecha significativa, y en pleno otoño, el símbolo de la decadencia en la que justamente se habían embarcado. Nadie en el mundo puede alegrarse de la pérdida humana de De la Rosa, pero sí estar de acuerdo en que la banda tenía que saborear un digno final. Lo trágico es que este final no fuera voluntario, sino fatídico y fortuito. Malamente fortuito.

En cuanto a su estilo musical, Triana fue creador del llamado movimiento del "rock andaluz", un rock aflamencado, una fusión entre la música británica más exitosa y las raices andaluzas y latinas. Pero, además de inspirador de esta corriente, practicó en sus primeros álbumes una música mucho más ambiciosa si cabe, encuadrada dentro del Rock progresivo.

Sus miembros ya habían tocado anteriormente en bandas andaluzas, pero sin poder ser consideradas como creadoras del rock andaluz, como mucho, sí orígenes para su posterior emersión. Eduardo Rodríguez, su guitarrista flamenco, ex-integrante del grupo Los Payos, fue siempre una pieza clave. Para muchos también lo fue el batería, Juan José Palacios (más conocido como "Tele"), pero lo que nadie puede discutir es que el alma de Triana no fue otro que De la Rosa, quien provenía de un grupo madrileño con aspiraciones, Tabaca, que tuvo una corta existencia. Se planeó como un grupo creador de "canciones del verano", y éste y Rodríguez, quien se sumó en los últimos tiempos, se volvieron a su Sevilla natal. Éste es el germen de Triana. Se reunieron con Tele, con quien Rodríguez había trabajado en Los Payos. Los tres compartían gustos y proyectos. Manolo Rosa fue en verdad el "cuarto Triana", ya que intervino en la grabación de todos los discos como bajista.

Pronto el grupo fue apoyado por músicos y amigos de la música para sacar un LP, lo que por entonces se consideraba un trabajo discográfico serio, oficial, no una simple grabación corta o sin previsiones de ventas. Fue auto financiado con la ayuda de Teddy Bautista, y grabado en los estudios Kirios, dentro del sello Gong que dirigía Gonzalo Garcíapelayo para Movieplay. Y este disco fue el sencillo, apacible y andaluz El Patio, un disco que sin embargo, pese a sus pocas pretensiones, marcó un antes y un después. Se trata de la inclusión de toda la gran maestría y las composiciones soñadas por el trío hechas realidad. Nunca más Triana sonó como en este disco. Curiosamente el disco no tuvo ningún título, sino que popularmente se le bautizó así por el dibujo de la cubierta que realizó su amigo Máximo Moreno, donde figuraba la inscripción "El Patio".

El Patio no tuvo éxito, ya que no fue promocionado y fue rechazado por las grandes (EMI, RCA, CBS...) y sin embargo la banda se convirtió de la noche a la mañana en un hito dentro del país y sobre todo en su región, gracias a las giras y a la promoción callejera, al boca a boca. Se les comparaba como King Crimson. Tras dos años de giras el grupo da a luz su segundo trabajo: Hijos del Agobio (1977). Este disco está marcado por el sentimiento andaluz de sufrimiento y pasión, mientras que en el anterior se mostraba más la candidez de la vida. Duro y triste, muy melancólico, el álbum contiene una serie de temas angustiados y menos convincentes. Es más una carta de presentación de sus ideas que un trabajo musical. De ahí la grandeza de la banda, que pronto se atrevió a demostrar que no querían ser estrellas, sino que seguían siendo chicos de barrio pobre. Dobló en ventas al anterior y fue todo un símbolo en discotecas y pubs, dentro de un ambiente anti franquista que alimentaban las letras. Tras dividir a la crítica ya, algo que no sucedió con El Patio, el grupo aúna a la juventud española y convencidos de su poder, sacan un disco que no hubieran realizado sino fuera precisamente por ello. Se trata de Sombra y Luz (1979), su trabajo más progresivo y ambicioso. Una música densa y trabajada que no conseguía tener el éxito comercial que sí alcanzó con sus tres posteriores obras. Barrió en ventas.

De este modo, el grupo entra en los años 80 en plena crisis de ideas y proyectos. La mediocridad que no se merecían se la ganan con tres álbumes muy discutidos, sobre todo el segundo. En 1980 apareció Un Encuentro, en el que las baladas y canciones sencillas se extienden por todo el álbum, olvidando el rock. Sin embargo, es cierto que no parecen olvidar sus raíces y sus orígenes, aunque no es ya suficiente para apartarles de un "star-sistem" en el que entraron. Ya eran estrellas comerciales, no tres modestos muchachos que querían cambiar el mundo. Y si no fuera suficiente, su música perdió el brillo progresivo, la ambición y el poderío. Esto en cuanto a rock progresivo se refiere, pues, lo cierto es que, las canciones del álbum son, perdónese la expresión, preciosas. Letras que son pura poesía y temas inolvidables para más de una pareja se mezclan y parece que las hacen con extrema facilidad. La cuestión es si quedarse con ello o reclamar rock.

Insertos en el mundo de la balada y el pop, alcanzan el mayor éxito de su historia con este álbum, lo que lógicamente les empujó a seguir este mal camino con Triana (1981) y Llegó el Día (1983), trabajos que llegaron hasta la fatídica fecha de 1983, cuando De la Rosa perdió su vida a consecuencia posterior de un accidente de tráfico. Este primero es, sencillamente, lamentable musicalmente, pues no tiene nada que ver ni con el trabajo anterior, ni con su calidad. Apenas se salvan unos temas. El segundo busca alguna raiz del pasado y pudo ser un paso hacia la salvación, pero siempre nos quedará la duda. Tras la tragedia, las discográficas se han ocupado en dos décadas, de sacar trabajos recopilatorios insulsos y repetitivos para aprovechar hasta el último aliento de lo que fue Triana. En este ímpetu sobresalieron las composiciones fáciles y todas las baladas de éxito.

En este tiempo sólo Tele, el batería, se ha preocupado del antiguo mito. Con su banda de rock andaluz continuó la corriente del género, y en 1996 sacó el álbum Un Jardín Eléctrico, que fue la base del disco En Libertad (1998), todo bajo la firma de Triana, junto a nuevas composiciones. Para muchos fue desacertada esta idea de rescatar el nombre de desaparecida banda, pero no hay mejor homenaje que crear gran música bajo su firma y viniendo además de un miembro suyo. Este disco rescata la esencia de la buena música, a ratos aflamencada y en otros muy rockeros. Es sin duda, el disco más progresivo de Triana, aunque algo fuera de contexto. Intervienen grandes músicos -como el bajista Pepe Bao-, y canta Pepe Reina, de un tono distinto a De la Rosa, pero muy a la altura de la música trianera. Además se editaron por primera vez composiciones del desaparecido cantante, realizadas en el mismo año de su muerte, 1983. Entre ellas hay una reminiscencia de los primeros trabajos, algo que no hubo en los últimos tiempos. Eduardo Rodríguez se pasó a la carrera de músico de sesión, trabajando para artistas de la talla de Plácido Domingo por ejemplo, o para proyectos comerciales como el de Malú.

En julio de 2002 llegó la desaparición de Tele, que pasó a mejor vida mientras regresaba de un concierto en Sevilla y sufrir un letal infarto al corazón. Con su muerte, se escribió el último capítulo de la convaleciente Triana. Tras casi treinta años de vida, el grupo pasa a la leyenda de la desventura, al sufrir la muerte de dos miembros básicos.

La influencia y la marca de Triana en la música española posterior es clave. Quizás el nombre más célebre sea el de los cordobeses Medina Azahara, quienes también han repetido la ruta de Triana. Iniciándose con Paseando por la Mezquita en 1979, el grupo siguió con la Esquina del Viento y Andalucía por caminos cercanos al rock progresivo, o al menos, en una fusión convincente de rock y flamenco. Después, curiosamente y de forma contradictoria, al entrar a un sello independiente, hicieron una música también comercial como Triana, pero no acercándose al pop, sino al rock duro. Otra formación andaluza de la estela de Triana es Alameda, una gran formación que tuvo más que ninguna otra, un anclaje más autóctono, con un flamenco evidente. Pero no sólo es justo hablar del contexto andaluz, ya que Asfalto, Bloque, Leño, Cucharada, Coz... emergieron gracias al éxito del emergente rock español.

Y ahora, tres décadas después, y con sólo tres discos admitibles dentro del rock progresivo, Triana es todo un mito, una leyenda llena de melancolía y tristeza, marcada por la tragedia y la decadencia... Y sin embargo, es el mejor grupo de rock de la historia de la música moderna española.

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