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Artículo sobre el nuevo disco de Dream Theater ('Six Degrees of Inner Turbulence') |
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Pero no fue así cuando su último disco, Six Degrees of Inner Turbulence, ha vuelto a sus orígenes. El sonido vuelve a ser tan duro como en el debut con When Dream and Day Unite, allá por el ya lejano 1989. Y es que el mismo Mike Portnoy reconoce que sus influencias en la grabación se corresponde a la audición de diversos discos que cada uno de ellos se lleva al estudio durante la larga grabación. Y bien, Portnoy llevó discos de Metallica, U2, Soundgarden y Radiohead entre otros. Así lo revela Juan Mellado en la newsletter La Caja de Música. Era muy evidente la imitación de los riffs de los guitarristas de estos grupos, la forma de cantar... pero sin duda a muchos aficionados al grupo teatrero les ha chocado en demasía. A Dream Theater le sobran ideas e imaginación como para dejarse influenciar por música demostradamente inferior, efímera, que pasa de moda. No empleo la palabra "mala" o "bazofia", sólo que es una música más comercial y fácil que hace mucho superaron los neoyorquinos. Es cierto que los últimos tres álbumes de Radiohead son muy buenos, sobre todo Kid A, muy vanguardista y algo progresivo. Pero si ellos mismos son aprendices y copian soundscapes de Robert Fripp, por qué iban a ser ellos fuente de inspiración de Portnoy y compañía... El tema que abre el disco, The Glass Prison es muy pegadizo. Es un tema de trece minutos, que se precian excesivos para lo que se quiere transmitir, Es quizás el tema que más ha defraudado a los oyentes, puesto que tiene poco de progresivo y mucho de heavy metal, trash metal y alternativo como Soundgarden. La voz está muy posproducida, cuando Labrie tiene una voz que es un delito trasformarla. La batería, pese a las críticas, es de lo mejorcito, como siempre. Rudess está perfecto y Myung y Petrucci, es decir, los músicos de cuerda, son los malparados. Sus instrumentos tocan unas notas repetitivas, muy pesadas y pasadas de moda. No estamos para trash... Blind Faith, el segundo tema, es algo más melódico aunque sigue en la línea más "jevorra", con mucha influencia en la apertura de Soundgarden. Luego escuchamos ya a un Labrie sin distorsiones, lo que se agradece altamente. Rudess vuelve a ser el genio porque envuelve con su atmósfera un tema flojito que da todo su peso al estribillo. Muy predecible: estrofa-puente-estribillo... Excesivamente larga: diez minutos. Quizás el mejor tema del primer disco del álbum es Misunderstood, que empieza plácidamente y no termina por elevarse de tono en demasía. Es el que más respeta el estilo propio. The Great Debate es un corte curioso porque se centra en la actualidad. Critica a su nación por tomarse una cruel venganza contra los atentados del 11 de septiembre de 2001. Está algo escondido y Petrucci quiere hacer una letra de denuncia muy poco explícita menos en el estribillo ("¿justificáis tomar una vida para salvar otra?", dice nuestro guitarrista), pero termina por ser realmente patética y cursi. Otra vez alargada en exceso como las otras tres canciones comentadas. El mejor tema podría ser también el quinto en cuestión: Disappear, una preciosa y preciosista balada con letra de Petrucci muy buena, más estética y no tan evidente. Rudess crea un sonido ambiente y LaBrie borda los vocales. La influencia de Radiohead y sus temas Exit Music y How to Disappear Completily es excesiva. La apertura es una vulgar copia de la primera y el título hasta que punto se asemejan. No es malo que músicos más jóvenes e inferiores puedan influirles, sino que tengan que copiar la idea y la melodía como sí no tuvieran la capacidad de hacerla por ellos mismos. Por esa razón la conclusión que queda al oír el primer disco es que han querido hacer unos temas rockeros como homenaje a sus gustos musicales alternativos al progresivo. Es algo irrefutable. El resultado, si lo vemos así, es bueno y consiguen cinco temas interesantes para quienes gusten de esa música. Pero más conflictivos son para aquéllos que oyen a Dream Theater por su corriente progresiva. El segundo disco presenta en su totalidad el tema Six Degrees of Inner Turbulence, que es realmente bueno. Dura cuarenta y dos minutos y da la sensación de durar la mitad, como ocurre con el clásico Close to the Edge de Yes -aunque es más corto-. Termianrá por ser un nuevo himno del grupo, sin duda. Está fragmentado en ocho piezas donde intercala temas metaleros típicos suyos con medios tiempos agradables muy dirigidos por Rudess. Es un genio. Piezas como Solitary Shell dan un clima de amenidad como ya en la apertura se deja entrever. El cierre, Gran Finale, es muy épico, en la línea de A Change of Seasons. Sin duda este segundo disco que incluye este temazo largo salva la experimentación de Dream Theater. Sólo queda una pregunta: ¿por qué no presentaron únicamente esta segunda parte como LP? Hubieran quedado como lo que son, unos genios, pero aún inmaduros.
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